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Martes, 17 de Abril de 2012 13:45

Testimonio

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¡¡ El Papa ya está en Cuba!!

 

Esas fueron las palabras que me repetí una y otra vez el tiempo que duro la maniobra de aterrizaje del avión que lo traía desde tierras mejicanas, mientras  yo permanecía allí en la pista del Aeropuerto internacional “Antonio Maceo” de Santiago de Cuba,  junto a otros hermanos que fueron invitados a esperar al Santo Padre.

 

¡Cuantas cosas pasaron por mi mente después de tres meses de tanto trabajo!  Lo primero tiene que ver con la experiencia.  La visita del Papa es un acontecimiento y eso nadie lo duda. Tampoco puede dudarse que, como tal, ha involucrado a muchas personas, no solo a católicos o creyentes. Ha sido un tiempo fuerte, que puso en marcha y probó muchos de nuestros recursos interiores, que quizás ni conocíamos.

 

Al verle pisar el suelo cubano en mi querido Santiago, lo primero que afloró fue un profundo agradecimiento a Dios que propició el hecho y permitió mi presencia en medio de todo este histórico acontecimiento. Como parte de esta Iglesia, además del agradecimiento a Dios, abro mis manos para saludar y agradecer también a todas las personas que ayudaron de las más diversas maneras y que, quizás sin percibirlo, han iniciado una especie de peregrinación interior que solo Dios sabe a donde les llevará.

 

Como cubana y como santiaguera me queda la impresión, en general agradable, de una ciudad que se engalanó y se preparó para recibir la visita de Su Santidad y que ha recibido con esos beneficios palpables, que ojalá perduren y que dejen en la gente el deseo de mantenerlos.

 

Pero no solo la ciudad se arregló externamente, fue también un momento en que muchos querían saber, y así a cada paso del andar de los que nos movíamos en los preparativos, surgían preguntas, inquietudes, búsquedas.  Confío en que lo aprendido sirva para adornar el saber de muchos, no importa las razones que le llevaran a ello.

 

Se que muchas cosas marcarán esta visita.  Unas iluminarán y guiarán, otras no. Me quedo con las luces, pero sería tonto ignorar que algunas interpelaciones y hasta insatisfacciones quedarán en la mente y en el corazón no solo de los que hemos dejado el alma y la piel en los preparativos, sino de todo un pueblo que aun no logra encontrar las respuestas que busca.  Al final, cada uno se llevará a su casa, cercana o lejana, su propia imagen de lo que vivió y que le acompañará mientras viva.

 

Después que pase el cansancio y la euforia propia de los primeros momentos,  me queda releer la visita de SS Benedicto XVI a Cuba en el año 2012,  más allá del hecho mismo. Aprender las lecciones de lo vivido implicará tener en cuenta los errores, limitaciones y hasta pecados cometidos y que están ahí formando parte del conjunto.

 

Pero también, y sobre todo, espero aprender, una vez mas, a mirar el presente y el futuro con ojos nuevos, con ojos que intenten descubrir en cada acción que emprendamos la profunda huella que las enseñanzas de esta visita en general y de la presencia de Benedicto XVI en particular nos ha dejado.

 

Mercedes Ferrera Angelo

Santiago de Cuba

27 de marzo de 2012

Last modified on Lunes, 04 de Marzo de 2013 00:21

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