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Viernes, 24 de Febrero de 2012 13:52

¡Virgen, que seamos hermanos!…

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Por Alexei Ruíz

 

Madre, que en la tierra cubana/ riegas desde lo alto tu amor

Y fue porque Jesús lo quiso cuando nos dejó como herencia una madre, su Madre; y a ella nos dio por hijos. Tal vez fue porque cuatro centurias atrás ella proclamó su perpetua protección a los cubanos en aquellos tres “Juanes” como ingredientes esenciales de nuestra raza. Pero indudablemente ha sido la elocuente y cariñosa manera en que la hemos hecho nuestra, que la Virgen de la Caridad del Cobre ha querido devolvernos, en maternal gesto, la cercanía de su presencia…

 

De toda Cuba viajan a su Santuario, y esta vez ha sido ella la peregrina, la Santísima Virgen María que vestida de amor en su cubano nombre recorre este pueblo de Dios, enamorándonos siempre más de Jesús, su Hijo. A mitad del camino indetenible tuvo a bien colmarnos de su gracia, y la tierra de la Purísima Concepción de Sagua gozó su arraigo en nuestros corazones.

 

Madre del pobre y del que sufre/madre de alegría y dolor

Y tan esperada como las lluvias en la sequía, así llegó a Sagua la Grande la Virgen de la Caridad. Ella, la de toda Cuba, fue particularmente nuestra durante dos días de junio y quiso que su estancia no fuera un simple paso: la Virgen fue al encuentro de la esencia fervorosa  de  este pueblo y con Jesús en brazos, estandarte de nuestra fe, nos dijo alzada por fuertes manos “No están solos”. No estuvieron solos los difuntos cuando se detuvo frente al cementerio a rezar por su encuentro con Dios en la morada eterna, no estuvieron solos los enfermos cuando los miró con consuelo frente al Hospital, tampoco aquellos que desde los barrios y en complicidad de su amparo tejen los hilos de esta dura cotidianidad que a veces duele y desespera. Ni los jóvenes que se estrenaban en este intercambio de amor, ni los más veteranos que la recordaban dulcemente en la memoria de seis décadas atrás.

 

Nadie en Sagua se sintió solo, y bien lo advirtió el señor Obispo, porque precisamente la Virgen del amor en su entrañable manera de llamarse cubana y de la Caridad, vino a disipar las soledades infinitas, las del alma y la esperanza, la soledad que necesita pedir y la soledad que se alegra en no existir y entonces  agradece…

 

Sagua lo vio, lo sintió y exaltó de fe mariana por todas las calles donde la excelsa madre pasó…

 

(…)dale la unidad a tu pueblo/siembra amorosa la unión…

 

Somos el  Pueblo de Dios que en su entraña y memoria tiene a criollos y a mambises, mujeres y hombres comprometidos con su tiempo, cubanos que se llaman así con nuestra bandera, con la palma, con el Himno, con la Caridad del Cobre.

 

La Virgencita”, es una cariñosa expresión de pueblo, porque ella le pertenece a esa multitud, a la  que seguramente,  desde su móvil pedestal, pudo bendecir. ¡Con cuántas miradas de añoranza,  con cuántos deseos puestos a sus pies, cuántas plegarias elevadas con su intercesión hacia Jesús no cargó la Virgen madre¡ ¡Pero cuánta convocatoria de unidad  también nos dejó!...

 

Nuestros pastores, en su animación de cada gesto piadoso, exhortaban a la unión de las familias, de la Iglesia, de la Patria; es la común-unión entorno al  amor de Dios.

 

¡Ay Virgen Mambisa, a ti clamamos que seamos hermanos¡, y entonces entenderemos el porqué has venido a encontrarte con tus hijos, comprenderemos de cuál soledad quieres librarnos y qué semillas quieres sembrarnos.

 

En Sagua estuvimos atentos a tu gracia, tú nos viste prestos a corresponderte, porque aunque tu amor alcanza para toda esta Isla habitada, te damos gracias por la particular cosecha con que nos premiaste, y por el claro mensaje: “Que el amor a mi tierra / nazca del amor a mi Dios”… ¡Que así sea, Madre¡

 

Last modified on Lunes, 04 de Marzo de 2013 00:22

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