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Martes, 26 de Febrero de 2013 12:00

Maestra Nicolasa

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Maestra Nicolasa Maestra Nicolasa
El 6 de diciembre de 1770 nació en Santa Clara una niña a la que sus padres, Antonio Pedraza y Rita Bonachea,  bautizaron con el nombre de Nicolasa y que con el decursar de tiempo, dedicada a la educación y practicando la virtud, se convertiría en una maestra buena, consagrada a sus alumnos y a la Iglesia, educadora de varias generaciones que pasó a la historia de la ciudad como Maestra Ni-colasa.

Con 17 años perdió a sus padres. Desde entonces su vida se entregó en cuerpo y alma a enseñar y practicar su fe católica.


Se supone que las primeras letras las conoció por Manuela de Moya, que enseñaba en la escuela ubicada en la residencia de ésta y de su hermano Félix de Moya. Nicolasa tuvo siempre una gran facilidad para inculcar los conocimientos a sus discípulos. Era fuerte para la disciplina, pero tenía al mismo tiempo una gran paciencia y un trato muy dulce que le granjeaban el afecto y el cariño de los niños a su cargo, recibía asimismo de ellos el mayor respeto.

Sacrificó, sin recibir remuneración alguna, su vida, su tiempo, para consagrarlo al apostolado de los niños en Santa Clara, y aunque esta ciudad se ha caracterizado a los largo de sus más de trescientos años de vida, por haber tenido maestros ejemplares, ninguna ha alcanzado la grandeza de esta humilde y paciente educadora.

No sólo se preocupaba por el aprendizaje de la lectura y escritura de los educandos, sino que les ayudaba a forjar el carácter con sus pláticas morales y con su propio ejemplo.

Un gran número de nuestros más esclarecidos patriotas del 68 aprendieron las primeras letras en la casa de Maestra Nicolasa y recibieron el firme basamento ético que les transmitió. Entre ellos, los Lorda, Miguel Jerónimo Gutiérrez, Tranquilino Valdés y Arcadio García.

Ya anciana continuaba recibiendo alumnos; aunque su situación económica era precaria, nunca puso tarifa a sus servicios. Algunos padres abonaban lo que querían y los pobres, nada.

Dentro de su difícil situación ayudaba a todos los que llegaban a su puerta y quien solicitó ayuda nun-ca se fue con las manos vacías.

El día 1º de enero de 1867 falleció Nicolasa Pedraza y Bonachea en la vivienda modesta en que había nacido y vivido. Sus funerales constituyeron una sentida manifestación por parte de la pobla-ción. La ciudad se vistió de duelo mientras su cadáver estuvo insepulto. Fue precisamente el prócer Eduardo Machado Gómez quien se ocupó de todo lo relacionado con su sepelio. Obra de su gestión fue también la tarja que se colocó sobre la puerta de la casa donde había vivido, como perenne re-cordación a su memoria.

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