joomla templates

Martes, 26 de Febrero de 2013 11:51

Padre Francisco Antonio Hurtado de Mendoza

Rate this item
(0 votos)

Francisco Antonio Hurtado de Mendoza nació en Santa Clara el 4 de Octubre de 1742. Fueron sus padres Juan Hurtado de Mendoza y María de Veitía. Desde niño se dedicó al servicio de la Iglesia Mayor como acólito, siendo educado allí por el Padre Conyedo. Mostrando vocación al sacerdocio, se le envió a La Habana a continuar sus estudios.

Casi al terminar la carrera eclesiastica, se le presentaron varios obstáculos. Había muerto su padre y no contando su madre con recursos suficientes, hacía muchos sacrificios en medio de su viudez para enviarle algunas pequeñas sumas para atender a sus gastos más precisos.

Esta situación, sin embargo, no desalentó ni al hijo ni a la madre, hasta que ella pudo reunir una corta cantidad, demandando lo que le faltaba a la caridad de sus parientes y otras personas bienhechoras.

Fue así como el joven Hurtado pudo recibir las órdenes el 21 de Diciembre de 1748, después de obtener unos meses antes, el título de bachiller en filosofía en la Universidad de San Gerónimo.

De regreso a Santa Clara, fue durante 9 años teniente sacristán mayor de la Parroquial Mayor. Nombrado cura beneficiado el 12 de agosto de 1761, renunció a ese cargo en 1769. Su celo como párroco atendiendo personalmente a sus feligreses en sus necesidades, le costó la salud, pues estuvo a las puertas de la muerte.

Consagró constantes esfuerzos a la educación pública. La idea de establecer una escuela gratuita bajo bases que la hicieran duradera, ocupó su quehacer y pensamiento.

A él debió la villa de Santa Clara la apertura del plantel nuestra Señora de los Dolores que abrió sus puertas en 1794. Esta obra, producto de su desprendimiento y patriotismo, es el mejor elogio que puede hacerse del P. Hurtado de Mendoza. La escuela luego nombrada Escuela Pía, sobrevive hasta nuestros días, hoy llamada Padre Hurtado de Mendoza.

Nada escapó a todo lo que podía contribuir a su subsistencia. El arregló las clases, reglamentó el manejo interior, señaló los ramos de la educación, discurrió medios de fomentarla, cuidó de las reparaciones del edificio, determinó la manera de solucionar esta necesidad después de su fallecimiento.

Hurtado de Mendoza consagró la vida, hasta sus últimos días, con un celo incansable, a los progresos de la escuela: visitándola a menudo, animando a los niños, despertando en ellos el amor al saber e inculcándoles en fin aquellas sólidas ideas de moral y religión, cuyos principios habían de servirles de guía en el camino de la vida.

Ya bastante achacoso el Padre murió el 15 de marzo de 1803. La mayor parte de su caudal mandó distribuirla entre personas de su familia. Concedió libertad a sus esclavos, dejando a cada uno solares donde pudieran construir sus viviendas, mientras - según decía el testamento- podrían seguir viviendo en la casa de su benefactor.

Sus obras predicables las legó a la Iglesia Mayor y a los sacerdotes de la Villa y aquellas otras de moral y educación las consignó a la escuela instituida por él, con encargo de destinarse a los niños pobres. Finalmente dispuso que sus restos fueran sepultados en la Iglesia Mayor, lejos de toda pompa y vanidad.

Escribir un comentario