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Martes, 26 de Febrero de 2013 11:27

P. José Novo Vázquez

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Padre Novo Padre Novo
El P. José Novo Vázquez fue un sacerdote que supo ser: misionero, educador y hombre de pueblo. Como Párroco de Quemado de Güines y Rancho Veloz, dejó una profunda huella en muchas personas y familias.

Nació en Lugo, España el 19 de marzo de 1890. Siendo seminarista viajó a la Diócesis de Mérida en Yucatán, en 1917. La revolución mexicana le impidió asentarse en esa tierra y se refugió en la Habana. Allí conoció al obispo de Cienfuegos Fray Valentín Zubizarreta, quien lo acogió en su Diócesis.

Fue ordenado sacerdote el 4 de agosto 1919 en La Habana. Celebró su primera Misa en la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, entonces capilla del colegio de los P.P. Jesuitas en Cienfuegos.

Los diez primeros años como sacerdote los vivió como Teniente Cura de la Catedral de Cienfuegos y Capellán-confesor del colegio de los Hermanos Maristas en esa ciudad.

Llegó a Quemado de Güines el 13 de mayo de 1929 con 39 años de edad. En varias ocasiones escuché a Herminio V. Santana Jiménez, su discípulo, expresar con lágrimas en los ojos: Él fue el que nos dio vida a todos nosotros. La historia de Quemado de Güines hubiera sido otra sin la presencia del P. Novo.

Una de sus primeras obras en Quemado de Güines fue la fundación de un Colegio Parroquial que abrió sus puertas con el nombre de “Padre Varela” el 9 de septiembre de 1929, apoyado en la joven farmacéutica Rosa María Cancio.

La escuela comenzó con dos aulas, bajo el lema “Patria, Religión y Libertad”; teniendo como objetivo la educación en valores humanos y cristianos de las nuevas generaciones, para el progreso de la sociedad.

El P. Novo acompañó esta obra durante 32 años. A partir del año 1934, Herminio V. Santana Jiménez, a quien había conocido como alumno en el colegio de los Hnos. Maristas de Cienfuegos, asumió la sub-dirección del plantel.

Rancho Veloz también conoció la labor educativa del Padre, pues allí fundó el Colegio “San Juan Bosco” que durante diez años mantuvo sus aulas abiertas.

En Caguagua, Güines, Surí, Carahatas, Ramona y Playa La Panchita, logró el P. Novo construir capillas con el apoyo popular a través de rifas, verbenas y fiestas populares.

Venía todos los domingos desde Caguagua a cazar con mi padre en un motor de línea, ya que no había carretera y traía un proyector con una planta eléctrica para por las noches poner películas, algunas religiosas y otras de entretenimiento. Era todo un acontecimiento en el Conde la llegada del P. Novo, cuenta Esther López recordando al sacerdote misionero.

Roberto Vivero, con sus 80 años de edad, sentado junto a su esposa, en su apartamento de Lutgardita recuerda la boda de ambos en la capilla de Carahatas el 26 de mayo de 1958: el P. Novo iba a un motor de línea, principalmente en primavera que llovía mucho, teníamos un camino vecinal, iba todos los viernes. Por el año 1945 o 46 construyó la capilla, que era grande, una nave larga de madera, de techo de teja y piso de cemento, con su hilera de bancos, muy bonita que estaba, fue iniciativa suya, fue una pena que la destruyeran.

En una época en que solo había el cine en los pueblos grandes, el P. Novo usaba su proyector y planta eléctrica para llevar el mensaje de la fe, terminando las misiones con la proyección de diferentes filmes.

En vísperas de Nochebuena, visitaba a los comerciantes de Quemado de Güines para recoger donaciones de alimentos. El día 24 en la mañana se preparaba la cena en el jardín de la Parroquia y en la tarde pasaban muchas personas necesitadas para recibirla y llevarla a la familia, terminando el día con la celebración de la Misa del Gallo.

Dos grandes honores recibió en esa época. Por medio de la Diócesis de Cienfuegos recibe el nombramiento de Monseñor. La sotana que vistió en ese acontecimiento fue regalo, mediante colecta popular, del pueblo de Quemado de Güines; sotana que solo usaba en las graduaciones del colegio. En el año 1947, recibe el título de Hijo Adoptivo de Quemado de Güines, de manos del alcalde Herminio V. Santana Jiménez, por su labor cristiana y humana, dispuesto siempre a socorrer y ayudar en cuanta necesidad surgiera.

A partir del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, el P. Novo socorrió a muchos revolucionarios, escondiendo a algunos en la casa parroquial para que no fueran asesinados. El 8 de abril de 1958, acudió al Cuartel de la Guardia Rural, solicitando la entrega de los cadáveres, a los familiares de las personas que murieron en los sucesos de ese día, y poder darles cristiana sepultura.

Vivió junto a muchos cubanos la nueva etapa que comenzaba para el país a partir del 1 de enero de 1959. Celebró una Misa de Campaña, en el parque, con los miembros del Ejército Rebelde que estaban en el pueblo, dando gracias por la terminación de la guerra y el cese del derramamiento de sangre.

Años después, el Padre vería cerrar las puertas del Colegio con la nacionalización de los colegios privados. Meses después, el 17 de septiembre de 1961, el pueblo quemadense despertó con la noticia de la partida del P. Novo. En la madrugada un grupo de milicianos lo habían sacado de la casa parroquial, llevándolo a la Habana. Embarcado en el vapor Covadonga con más de cien sacerdotes con destino a España, comenzaba su exilio.

Al decir de Mons. Emilio Aranguren, quien por casi trece años siguió sus huellas pastorales fue transplantado como el árbol viejo, pero sus raíces quedaron en esta tierra, sus amadas parroquias nunca fueron olvidadas.

En 1969, Mons. Modesto Peña, vicario general de Cienfuegos, visitó al P. Novo en su parroquia de Santa Eulalia de Lisín, en Galicia.  En la misa dominical, al agradecerle en nombre del obispo Alfredo Müller, su labor misionera, todo lo que sembró en sus amadas parroquias, vio llorar como un niño al ya anciano sacerdote.

Al partir Mons. Peña  recibió un sobre con quinientos pesos, que había guardado el P. Novo celosamente en un bolsillo de su sotana aquella madrugada de septiembre del año 61, por temor a que se perdiera y desde entonces, esperaba el momento para regresarlo. Era la última colecta que había recibido del pueblo quemadense para pintar la iglesia.

Va hacia la casa del Padre el 9 de abril de 1972. Su sobrina María Luisa Lovelle Novo, por carta, comunica a Magdalena Delgado Palacios, de Rancho Veloz, la noticia de su muerte: Gracias por el cariño que le profesaban, él se sentía feliz cuando recibía carta de sus feligreses de Cuba.

En abril del año 2005, tuve la oportunidad de visitar su tumba, en el cementerio de San Froilán en las afueras de Lugo, Galicia, llevando un ramo de rosas rojas y ofreciendo una oración. Fue un momento de agradecimiento merecido y deseado, al sacerdote español-cubano, al gallego-quemadense, que supo sembrar con generosidad en esta tierra fértil la semilla del Evangelio como misionero, educador, hombre de pueblo.

Last modified on Martes, 26 de Febrero de 2013 11:48
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