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Martes, 26 de Febrero de 2013 11:22

Padre Pablo Tomás Noya y Mínguez

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Pablo Tomás Noya y Mínguez nació en Sancti Spíritus el 21 de diciembre de 1858. Estudió en el seminario San Carlos y San Ambrosio, siendo ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1882.

Desde 1980 el Padre Noya se hace cargo de la parroquial Mayor, el templo seguía conservando la robustez de antaño, y la torre había alcanzado su estatura definitiva, después de haber sido afectada por un rayo en 1843.

 El reloj instalado en 1850 contó con una gran campana fundida en Italia y costeada por el catalán Don Buenaventura Noya, feliz augurio para el hijo que devendría en tan querido párroco.

Desde los ambones  conservados a cada lado del presbiterio gustaba hablar al Padre Noya. Era su tema preferido el de la tolerancia y el perdón. Jamás su predica fue intransigente, antes bien, gustaba tranquilizar las conciencias.  Estas ideas a favor del prójimo se basaban en el seguimiento fiel del evangelio y la admiración ferviente al Padre Félix Varela.

Fueron tantas y tales virtudes del Padre Noya, que en el período republicano se le tuvo en cuenta para ocupar la sede episcopal en alguna diócesis de la Isla pero no acepto por humildad. Monseñor Manuel Arteaga, en aquel tiempo Vicario General de la Habana, quiso llevarlo para la capital y tenerlo a su lado, pero, se rehusó una vez más.

Para el Padre Noya no había más halago, ni bienestar o favor más grande, que permanecer en su querida Iglesia Mayor de Sancti Spiritus, su ciudad natal, y verse entre sus feligreses.

Luchando ocultamente por la libertad e independencia de la Isla… mantuvo amistad estrecha con sacerdotes cubanos que como él sentían un gran amor por Cuba. Entre ellos se cuentan sus relaciones con el Padre Adolfo del Castillo, hermano del general de la Guerra de Independencia Honorato del Castillo; con el Padre Garriga, pinareño, quien mantenía relaciones directas con las fuerzas insurrectas; y con el Padre Julio Gonzáles, predecesor del P. Noya como párroco de la Mayor.

Hay una anécdota poco conocida que involucra a todos esos presbíteros, incluso al Padre Noya. Los oficiales españoles que concurrían a la Iglesia Mayor acostumbraban a reunirse por las noches, en el hoy llamado Salón de Colón, para jugar al dominó, o simplemente para hacer tertulias… Esa era la oportunidad que aprovechaban estos sacerdotes para obtener noticias y hacerlas llegar a las fuerzas insurrectas….

Otro hecho, más conocido, tuvo lugar durante la Guerra del 95, en tiempos del cruel y despiadado Valeriano Weyler. Este militar mando a citar al Padre Noya con dos de sus esbirros… y cuando el Padre Noya llegó a la cita se encontró al español completamente desnudo, bañándose en una antiquísima tina. ¿Sabe Ud. para que lo he mandado llamar? interrogó Weyler… Porque me han informado que Usted es un Mambí…y que Ud. está ayudando a los insurrectos explicó…Oiga bien lo que le digo, prosiguió el temible General…Voy a ir a la Iglesia Mayor para comprobar la verdad…. Cuando yo llegué allí tienen que repicar las campanas y usted saldrá a recibirme con el palio y los acólitos de rigor…

Con la dignidad y la serenidad que le caracterizaban, el Padre Noya se limitó a contestarle: El Palio es solo para el uso del Santísimo Sacramento y del Señor obispo, y dándole la espalda dejó chorreando agua y hiel al General.

Cuando el 20 de mayo de 1902 se izó en el ayuntamiento por primera vez la bandera de la Estrella Solitaria, el Padre Noya en un arranque de inmensa alegría, lanzó el vuelo las campanas… fundiéndose con las notas del himno de Bayamo, y el estruendo de los disparos, en un concierto rara vez interpretado.

Hay dos obras del Padre Noya que no se pueden dejar de resaltar. Gracias a sus gestiones, a principio del mes de noviembre de 1907, abrió sus puertas el colegio La Natividad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas conocidos por Hermanos de la Salle.

El curso comenzó con 45 alumnos, en lo fundamental niños pobres. La Villa carecía de este tipo de institución, después de la ausencia de los padres jesuitas. Ese curso terminó con una matrícula de 95 alumnos, matriculados  por gestión del Padre Noya.[1] Cientos  de niños y jóvenes se formarían en sus aulas, impartiéndose también clases nocturnas gratuitas para obreros y trabajadores.

También el Padre Noya colaboró para la construcción del asilo San José destinado a los ancianos desamparados, y atendidos por las Hermanitas de la Caridad. Estas dos obras: escuela y asilo demuestran lo que significó para el Padre Noya la formación cultural, moral y religiosa de las futuras generaciones; así como su preocupación y cuidado por aquellos carentes del apoyo familiar.

En la Ciudad donde nació, falleció el día 26 de octubre de 1936.

Su muerte fue un duelo para el pueblo espirituano, todavía  hay quienes recuerdan aquellos días de octubre de 1936. Afirman que jamás se vio al pueblo espirituano tan conmovido y entristecido, la gente comenta. De igual forma en los periódicos de la época veo que ha sido un duelo como pocos el del Padre Noya, ¿como no? Sí ¡Hay tan pocos, como él que era un Santo!  Tuvo repercusión nacional, dando fe del majestuoso sepelio de una figura tan querida por su pueblo tal es así que en el periódico la República aparecen fotos con comentarios dando la noticia

Al cumplirse 76 años de su fallecimiento, regresó al suelo de La Mayor, a su Iglesia, y a su casa querida…Él, que dedicó los 46 años de su virtuosa vida a esa parroquia, dejando al pueblo espirituano su imagen imborrable y su aliento de hombre santo y bueno, regresó para quedarse…

El que sus restos mortales descansen definitivamente en dicho templo, podrá pasar inadvertido para muchos… pero, para todos los que tienen fe y creen en milagros y en la vida eterna, no deja de ser una gracia, una prueba inequívoca del poder y amor de Dios que devuelve a la grey parroquial al justo y preclaro varón, para que las obras que allí se realicen alcancen sus bienhechoras bendiciones.

Last modified on Martes, 26 de Febrero de 2013 11:50

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