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Sábado, 08 de Marzo de 2014 17:29

Palabras pronunciadas por Mons. Arnaldo Fernández en la Misa de Cuerpo Presente de Mons. Carlos Manuel de Céspedes

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Posiblemente su última fotografía: con Sor Aida Ramírez y Loly Marquez del  Grupo Nuestra América luego del concierto de Navidad Posiblemente su última fotografía: con Sor Aida Ramírez y Loly Marquez del Grupo Nuestra América luego del concierto de Navidad

Palabras pronunciadas por Mons. Arnaldo Fernández, Vicario General de la diócesis, en la Misa de cuerpo presente presidida por nuestro Obispo Mons. Arturo González y concelebrada por el Arzobispo de Camagüey, Mons. Juan García junto a sacerdotes de nuestra diócesis y de la de Camagüey en la Iglesia de San Agustín de La Habana.



«Conocedor de los vínculos entre Mons. Carlos Manuel de Céspedes García Menocal y un servidor, vínculos que eran más que de amigos, eran fraternales, de hermanos, mi Obispo, quien preside esta celebración Eucarística, me ha pedido que diga unas breves palabras en esta triste y dolorosa ocasión.

Mi relación con Carlos Manuel, echa sus raíces en nuestra primera juventud, como miembros de la Juventud Estudiantil Católica en la Acción Católica. Desde entonces nos conocemos. Además fuimos vecinos de barrio, vivíamos a pocas cuadras de distancia, en el barrio de Santos Suárez en la Víbora.

Compartimos la vida estudiantil en la Universidad de La Habana, él en la facultad de Derecho y un servidor en la de Medicina. Posteriormente nuestros caminos se unieron en la vida eclesial como seminaristas, ambos del entonces Seminario del Buen Pastor en Arroyo Arenas.

Unos años más tarde, nos volvimos a encontrar y a convivir juntos en Roma, como estudiantes de Teología en la Universidad Gregoriana, y residentes en el Colegio Pio Latino Americano.

Todavía después, habiendo regresado él a Cuba antes, a mi regreso algún tiempo más tarde, ya como sacerdotes ambos, compartimos durante dos años y medio, la responsabilidad del equipo de formadores del actual Seminario de San Carlos. Él en su condición de Rector y un servidor como Prefecto de Disciplina.

Todo este itinerario existencial, me permite afirmar que pude conocer profundamente la persona y el pensamiento de nuestro querido hermano Carlos Manuel. Y desde ese conocimiento, puedo sintetizar en pocas palabras lo que fue siempre Mons. Carlos Manuel de Céspedes: Un hombre con un profundo, radical y probado amor y pasión por Dios, por la Iglesia y por Cuba. Un hombre que sentía una profunda y radical vocación al diálogo, en cualquiera de sus manifestaciones: religiosa o política. Y por las cuales aceptó el sufrimiento de ser incomprendido, mal interpretado, y hasta juzgado negativamente por tantos. Conservando siempre, sin embargo, su profunda convicción y su actitud siempre dialogante y su inquebrantable e inquebrantada fidelidad a la Iglesia.

Creo personalmente que sin lugar a dudas, muchos, por no decir todos, en cuanto a Iglesia cubana, le debemos tanto a nuestro hermano Carlos. Por eso hoy, ante la separación de su compañía física, que nos impone su fallecimiento, me vienen a la mente las estrofas de la conocida canción del cantautor argentino Alberto Cortés: 

Cuando un amigo se va,        Cuando un amigo se va,
queda un espacio vacío,        queda un tizón encendido,
que no lo puede llenar,          que no se puede apagar, 
la llegada de otro amigo.        ni con las aguas de un río.

Pero hoy nos sostiene e ilumina de la oscuridad de este momento, la Esperanza, que se hace certeza desde nuestra fe cristiana y católica, en un futuro reencuentro con él, en la casa de Dios nuestro Padre, hacia donde hoy ha sido llamado. Amén».

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