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Parroquia “La Purísima Concepción” en Sagua la Grande

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La fecha de fundación de la Purísima Concepción de Sagua la Grande se desconoce, aunque oficialmente se menciona el 8 de diciembre de 1812. Este día el Ayuntamiento acordó la bendición de la ermita erigida por Don Juan Caballero.

Los aborígenes llamaban Sagua al río, y como existían varias zonas con el mismo nombre y esta era la mayor, para diferenciarla se le llamó la Grande. De ahí el nombre de la población.

Este territorio fue descubierto por Pánfilo de Narváez quien mandaba un grupo de conquistadores con los cuales viajaba el Padre Bartolomé de Las Casas.  Los recién llegados permanecieron en la zona por quince días, en el área cercana de Carahatas.

La jurisdicción de Sagua la Grande, fue conocida como El Embarcadero; formando parte de la provincia indígena de Sabaneque. Estaba comprendida dentro de la hacienda de Sabana de Sagua, llamada después Jumagua, concedida a Don Alonso Cepeda; hecho reflejado en las Actas Capitulares de Sancti Spiritus.

Hasta finales del siglo XVIII, no se tienen noticias sobre el poblamiento de esta zona. Sin embargo, atraídos por los cortes de madera practicados en los bosques cercanos, y por las vegas de tabaco que se cultivaban en la margen izquierda del río, afluían al suelo sagüero, leñadores, vegueros y agricultores que levantaban sus rústicas viviendas de guano, madera y embarrado, sin orden alguno; pero convergiendo hacia el actual centro de la ciudad.

Preferían aquellos trabajadores establecerse cerca del río, tanto por la provisión de agua, como por la facilidad de transporte. La incipiente comunidad solicitó y obtuvo del obispo diocesano, que el párroco de san Narciso de Álvarez viniera a Sagua una vez al año. Oportunidad para administrar los sacramentos y celebrar la misa.

En el año 1796, llegó a Sagua Juan José de Mesa, cura de san Narciso de Álvarez. Celebró la primera misa en un improvisado altar en casa de Don Francisco Martín Rodríguez, más conocido por “El Sordo”. Esta casa estaba situada al final de la calle hoy llamada Clara Barton, próxima a la calle de la Ribera.

En el año 1812, figuraba entre los pobladores de Sagua, Don Juan Caballero, quien erigió una ermita de madera en el lugar donde ahora se encuentra el parque “Independencia”. Antes, había impulsado la fundación del pueblo, dividiendo, en solares, terrenos de su pertenencia y repartiéndolos entre algunos isleños residentes en la zona.

Para la bendición del pequeño templo, se solicitó permiso del Obispo de La Habana, Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa. Otorgada la aprobación el 11 de julio de 1812, ofició en la ceremonia el párroco de san Narciso de Álvarez, Francisco Macías.

En 1819, la de Sagua era iglesia auxiliar de la parroquia de san Narciso de Álvarez. Creada la parroquia de Quemado de Güines por el Obispo Espada, pasa la iglesia sagüera a ser auxiliar de esta última, por encontrarse el pueblo de Álvarez muy distante.

El templo levantado por iniciativa de Don Juan Caballero, resultaba hacia 1825, demasiado reducido para un vecindario que iba creciendo. José Cirilo Nicado, párroco de Quemado de Güines, logró reunir, principalmente mediante colectas públicas, los recursos precisos para dotar al lugar de una iglesia mejor provista y más espaciosa.

En la propia plaza donde en el año 1812 se había edificado el primitivo oratorio, construyeron el nuevo templo. Se emplearon maderas del país, preciosas y resistentes, y para cubrir el techo se utilizó teja isleña de barro, materiales comunes de la época.

La Iglesia Parroquial fue edificada hacia mediados del siglo XIX por el esfuerzo de todo el villorrio y las gestiones del teniente coronel del ejército español Don Joaquín Fernández Casariego, gobernador de la villa (1850), quien formó la primera Junta Parroquial, el 11 de octubre de 1850, a sólo una semana de su toma de posesión como Gobernador de Sagua.

Atendiendo a los insistentes ruegos, y a la realización en 1853, de su visita pastoral, el obispo de La Habana Francisco Fleix y Solans vio la necesidad de una iglesia nueva, más grande  y adecuada para el culto religioso necesario a la creciente población. En 1856, con ceremonia solemne, el cura párroco de Quemado, Francisco Barroso junto al teniente gobernador Casariego y otras personalidades, colocaron la Primera Piedra el 22 de marzo del propio año.

La realización del proyecto respondió con creces a la magnitud del noble empeño. En esta obra arquitectónica puede apreciarse la influencia del arte renacentista inglés. Ninguna vieja construcción de carácter eclesiástico, exceptuando desde luego catedrales y conventos monumentales y suntuosos, presenta en nuestro país el sello de elegante sobriedad que avalora a esta Iglesia de Sagua; amén de la maciza y recia solidez que la defiende contra los rudos embates de la naturaleza.

El estudio de la obra fue presentado por el ingeniero belga Couspeire, a quien se le confió la ejecución de la misma. Lo invertido en la edificación ascendió, según datos históricos, a la suma de 65 000 pesos oro, aparte de los donativos recibidos en materiales y del valor del terreno y otras generosas dádivas de consideración.

En la mañana del 19 de febrero de 1860, Don Francisco Fleix y Solans, Obispo de La Habana bendijo e inauguró el templo, precedido por un alegre y prolongado repique de campanas. Según una crónica de la época “…Su elegante fachada, su espacioso pórtico, sus bellísimas puertas de hierro (…); sus colosales columnas (…); sus inmensas bóvedas que inspiran respeto y admiración; su piso de blanco mármol, su pila bautismal, su imponente presbiterio (…) con un admirable altar que por su forma, su exquisito trabajo y sus valiosos materiales no conoce quizá rival en la Isla; todo, en fin, en raro y sorprendente conjunto, contribuía a realzar esa grata sensación que nos causa la visión de un objeto sumamente hermoso.”

En 1861 fue separada la Iglesia de Sagua la Grande de la feligresía de Quemado de Güines, constituyéndose por Real Orden de 21 de octubre de 1860 en Parroquia de ascenso.

La historia de la parroquia es larga, pero no se pueden dejar de mencionar a los PP. Franciscanos, quizá los primeros en la evangelización de nuestra Villa; a los PP. Jesuitas, llegados a Sagua en los primeros años del siglo XIX donde fundaron un colegio junto a los Hermanos de La Salle; los Misioneros de los Sagrados Corazones, quienes arribaron al Undoso en 1957, y permanecieron hasta 1961.

Las congregaciones femeninas también se hicieron presentes en la ciudad. Las Hermanas de los Ancianos Desamparados atendieron el Asilo, las Hijas del Calvario, la Colonia Española; las religiosas del Apostolado del Sagrado Corazón trabajaron en la labor educativa –fueron fundadas en Sagua por el jesuita P. Valentín Salinero y la madre Carolina, el 8 de mayo de 1910-; las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl prestaron gran labor pastoral en las primeras décadas de la segunda mitad del pasado siglo; las Religiosas de María Inmaculada (RMI) destacaron en su amor y trabajo por los jóvenes. Hoy se encuentran en Sagua las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada.

En esta parroquia fue fundada la Asociación de Caballeros Católicos de Cuba, el 24 de febrero de 1926 por idea y esfuerzo del laico, Dr. Valentín Arenas Armiñán. Aquí se celebró a finales de 1938 la primera Semana Social Católica de Cuba con la asistencia de delegados de todas las diócesis.

Muchos sagüeros, bautizados aquí, han conquistado lugares sobresalientes en la cultura y las ciencias, citemos tres: Joaquín Albarrán, Jorge Mañach y Wifredo Lam.

Sagua la Grande es el sitio dónde por vez primera se inauguró en Cuba un monumento público al Sagrado Corazón de Jesús.

Last modified on Viernes, 01 de Marzo de 2013 12:28

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