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Parroquia “San Pedro y San Pablo” en Corralillo.

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Ceja de Pablo debe su nombre, a la existencia de una ceja de monte que existía en ese lugar. La propiedad pertenecía en 1771 a Juan García Delgado. Con anterioridad, había pertenecido a Salvador Delgado Ruiz (1748) y a Antonia Villaicochea (1770).

En este lugar existió una iglesia, auxiliar de la parroquia de San Hilario de Guamutas, construida de tabla y guano.

Tenía como  patrono a San Antonio de Padua y había sido erigida por el obispo de la Isla de Cuba Pedro Morell de Santa Cruz, en el año 1760.

El 23 de febrero de 1804, realizó Visita Pastoral Juan José Díaz de Espada y Landa, obispo de la Habana. En la crónica de Fray Hipólito Sánchez Rangel leemos:

(…) salimos (de Guamutas) en la mañana del 23 de febrero acompañados del sacristán mayor y capitán para Ceja de Pablo. Esta es otra hacienda  que conserva el nombre de la Ceja, y en ella está una Iglesia Auxiliar de Guamutas que la sirve dicho Sacristán Mayor. Aquí no hay más que dos buggios (bohíos) y la casa del cura en donde está un altar por hallarse la Iglesia que era de guano y cujes, abandonada, por estar cayendo, y ser indecente. En esta casa del cura, nos hospedamos, allí se dijo Misa, se hicieron confirmaciones y vistos los libros, proveídas las cosas necesarias para reedificar la Iglesia y aumentar el culto, salimos para otra hacienda que llaman de Álvarez en donde hay otra Iglesia, la mañana del domingo 26 de febrero (…)

El 29 de diciembre de 1818, realiza el Obispo Espada otra visita, a la parroquia de San Hilario de Guamutas y en ella: (…) estando en Santa Visita General examinó este libro de bautismo de personas blancas de la Iglesia de Ceja de Pablo Auxiliar de esta Parroquia en la cual se halla el archivo por estar vacante y sin Iglesia material aquella (…)

En junio de 1851, se bendice la nueva iglesia en el actual Corralillo. La antigua Iglesia de San Antonio de Padua de Ceja de Pablo, no se había destruido, quedando convertida en un oratorio público en el que se puede celebrar el Santo Sacrificio de la misa, por orden del Obispo de la Habana, Félix y Solans.

El 15 de agosto de 1894, el P. Joaquín Loriente Trallero, Cura Ecónomo de la parroquia escribe:

(…)Y por último, en el barrio o cuartón llamado Ceja de Pablo, de esta Parroquia, hay un cementerio mal cercado en el que no se entierra hace años, a no ser en caso de imprescindible necesidad, que por no dar paso ni los caminos ni los ríos, se entierra allí, y el sitio de la primitiva Iglesia que se quemó el 1857, y que a ciencia cierta no sé su situación, pues los vecinos lindantes lo tienen cercado, sin dejar libre más que el camino.

Si S.S.I. cree conveniente que sobre esto, se tome alguna determinación para asegurar la propiedad, suplico a su S.S.I. se digne manifestármelo.

En el año 1934, el alcalde de Corralillo Juan Álvarez Tabío, restauró el cementerio de Ceja de Pablo, donde aún se realizan entierros. Está ubicado cerca del poblado de Guillermo Llabre, quedando olvidado el lugar donde estuvo construida la Iglesia de San Antonio. De este antigua iglesia auxiliar solo se conservan los libros y los inventarios en el archivo de la actual parroquia de Corralillo.

El crecimiento y desarrollo del poblado de Corralillo, llevó a que el poblado de Ceja de Pablo perdiera su predominio. En 1866, Corralillo era ya la cabecera del Partido de Ceja de Pablo, que así continuó llamándose.

En el archivo de la parroquia, se encontró un documento del P. José Genaro Baiz, fechado el 8 de junio de 1851, donde narra el traslado de la iglesia desde Ceja de Pablo al Corralillo actual y la construcción de la iglesia de San Pedro y San Pablo. He aquí algunos fragmentos:

En el año pasado de mil ochocientos cuarenta y siete , los vecinos de este Partido expresaron a nuestro muy digno Obispo Sr. Dr. Don Francisco Fleix y Solans,, haciéndole presente la necesidad que había de trasladar la citada Iglesia de Ceja de Pablo al Punto de Felipe, ya por la distancia a que se hallaban la mayor parte de los vecinos, ya que por el río de Cañas que interceptaba aquella Parroquia con la mayor parte del vecindario y ya también porque aquella antigua Iglesia se hallaba en un desierto, rodeada de terrenos estériles que nunca se esperaba fomento de consideración , cuya representación acogió S.E.I con la piedad y bondad que le es característica (…) se dispuso de conformidad con el parecer fiscal se constituyese una Junta Parroquial, compuesta por dos vecinos piadosos y acomodados de a la Feligresía y al Capitán del Partido que la presidiera, para que haciéndose en forma por Don Leonardo Izquierdo la cesión de seis solares que ofreció, se hiciese el presupuesto de la nueva Iglesia, de mampostería y teja, el del cementerio y habitación del Cura , expresándose las cantidades con que contribuiría cada vecino y activando las demás suscripciones.

(…)Concluido el ornato del templo se hizo una solemne función el día ocho de junio del presente año de mil ochocientos cincuenta y uno, bendiciéndolo por orden del Excelentísimo e Ilustrísimo Sr. Dr. Don Francisco Félix y Solans, Dignísimo Obispo de esta Diócesis (la Habana), el actual cura Don José Genaro Baiz el que celebró la primera misa (…) glorificando a Dios , que si bien de cualquier lugar de la tierra oye al miserable hombre, mucho más desde los templos que se le dedican pidiendo a los Bienaventurados Apóstoles , pusiesen una mirada favorable sobre este pueblo y que no desatendiesen sus ruegos en tribulaciones (…); acabada la misa y colocada la Majestad en una hermosa custodia se sacó en procesión para que este cuartón de la Isla tuviese el gusto de ver a Jesucristo Sacramentado visitándolos procesionalmente, concluido se depositó en el dicho templo, quedando así erigido.

Del libro “Apuntes Biográfico del Presbítero D. Manuel G. Cuervo”, quien fuera párroco de 1883 a 1889, se encuentran los siguientes datos:

“(…) se fue a Cárdenas y de su peculio propio compró y condujo en diferentes goletas centenares de piedra de a 8 quintales hasta las playas de su parroquia, distantes de la misma una legua, desde las cuales, en carretas, las trasladó a la plaza.

Pasó al ingenio demolido del padre del Sr. Cura propietario, a quién le compró todo el ladrillo que necesitaba para construir una nueva torre a la Iglesia (la anterior fue destruida por un ciclón en el año 1854).

Compró 24 bocoyes de cal que hizo conducir a la plaza, compró cocó bastante, que su cocinero y sacristán cernieron, siendo estos mismos los que labraron los cimientos para la construcción de la referida torre de 24 varas de altura, que se terminó en 36 días con gran número de oficiales y peones de albañilería, a los que albergaba en su casa y mantenía en su mesa el P. Cuervo, no recibiendo de los feligreses más que la cantidad de 600 pesos oro, que solo alcanzó para pagar al Maestro de Obras, por cuya razón el P. Cuervo tuvo que rifar su propio caballo para invertir su valor en la terminación de la mencionada torre y en la compra de campanas, que son por cierto, las mejores que quizás tenga la provincia de Santa Clara.

(…) Viendo que los muros del Cementerio de dicha parroquia estaban por el suelo, careciendo hasta de un colgadizo para ampararse del sol y del agua y de casa para sepulturero (…) logró que todas estas cosas sagradas se reformasen unas y se construyesen otras para bien de la Religión y de la Parroquia.

En la actualidad el Cementerio está circuido de fuertes muros, (…), tiene al fondo una Capilla espaciosa, que antes no tenía, provista de campanario y campanas y una galería al frente, gracias al P. Cuervo, quien nunca, por ello, exigió indemnización alguna ni al Obispado, ni a la Hacienda, ni a los feligreses. El hermoso cementerio, antes abandonado a la incuria de los hombres, es hoy uno de los mejores de campo que tiene esta Isla (…)”

Comunales desde la década de los años 60 del siglo XX convirtió esta capilla en almacén.

Last modified on Domingo, 03 de Marzo de 2013 22:57

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