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Viernes, 15 de Junio de 2018 09:19

LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE LOURDES

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Santa Bernadette Soubirous (1844-1879) recibió 18 apariciones de la Virgen María en Lourdes del 11 de febrero al 16 de julio de 1858. Cinco años después, del 15 al 19 de septiembre de 1863, el escultor de la Virgen de La Salete, Joseph Hughes Fabisch (1812-1886) viajó a Lourdes para entrevistar a la santa. Le habían contratado para crear una estatua de mármol según la descripción de la vidente para reemplazar una imagen pequeñita que se había colocado anteriormente. Dos meses después le mandó a Bernadette una foto de una primera estatua para que le diera su opinión.

 

Al ver la estatua final que llevó Fabisch a Lourdes pocos días antes de inaugurarla el 4 de abril de 1864, Bernadette comentó: “No se acerca a la belleza que he visto”. De hecho, el escultor no había tomado en cuenta las correcciones de la futura santa.

 

La Santísima Virgen María se apareció a una pobre campesina en el basurero del pueblo como una jovencita descalza, según la vidente: “no más grande que yo” (1,40 m), pero la estatua era más grande. Además, le hablaba con respeto en su propio dialecto, sin tutearle. “Me mira como una persona habla con otra persona”. Tras ver la primera estatua de Fabisch, comentó  Bernadette  que no era bastante joven ni bastante sonriente. Diría después: “Se le representa siempre a la Stma. Virgen con un aspecto severo, o al menos frio y serio. La Stma. Virgen era simpática y sonriente”.

 

La estatua carecía de sencillez. Decía Bernadette, “La postura es más natural. No echa la cabeza hacia atrás para ver el cielo. Simplemente levanta los ojos”. La Virgen agradecía así a Dios su gracia al decir: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Las manos estaban más unidas, los dedos pegados, palma contra palma (las manos que se ven ahora son más recientes y demasiado grandes), y el pie izquierdo de la estatua estaba demasiado separado, resaltando demasiado la rodilla.

 

No se cambió mucho entre el primer modelo (que se piensa está conservado en Mont-Luzin) y la estatua final: No se puede culpar al escultor por no poder representar el material correcto de la túnica o del rosario, materiales que dijo la santa que nunca había visto en ninguna tienda.  Además, dijo Sta. Bernardette que era tan hermosa la Virgen que al haberle visto uno desea morir para poder verle de nuevo. Pero, algo podría haber hecho para evitar otras diferencias que señaló Sta. Bernardette. Ella dijo que el velo debería cubrir de la misma forma los dos hombros y codos, sin pliegues bajo  los brazos. La túnica no era tan ajustada y había un dobladillo alrededor del cuello, que está demasiado des cubierto en la estatua y aparece “largo y torcido”, diría la santa.

 

La santa cooperó con comentarios sinceros, describiendo la sencillez y modestia de la Virgen María. En cambio, el escultor pensó que esa niña campesina no tenía la menor idea de lo que era sublime e ideal visualmente, a pesar de que ella fue la que vió a la Virgen María, modelo de perfección. Él diría más tarde: “el arte es la elocuencia, su fin es perfeccionar al hombre, civilizarle”.

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