joomla templates

Martes, 07 de Noviembre de 2017 15:05

Editorial

Rate this item
(0 votos)

En la TV, la radio y el periódico nos presentan muy a menudo las dificultades que confrontan los niños, los adolescentes y los ancianos, es decir los más vulnerables, por una u otra razón, de la institución familiar.

Que la familia está en crisis todos los sabemos: es frecuente que en una misma vivienda viva más de un núcleo familiar, sin la necesaria privacidad, ni las mismas reglas de conducta para los niños y adolescentes que allí conviven, sin mencionar el mal ejemplo que para los menores significa el aislamiento que sufren los ancianos quienes van dejando de prestar distintos servicios dentro del hogar por razones de edad y salud. A todo esto se suman los salarios que no alcanzan. Es muy difícil, en esas condiciones educar a los hijos, fomentar las virtudes e inculcarles principios.

 

Pero, aunque sea difícil, los padres no pueden renunciar a la obligación de educar a sus hijos, de quienes son los primeros y principales educadores. Por eso tienen, en cuanto a educación se refiere, más obligación y más deber que la escuela y que la Iglesia.

 

Son los progenitores quienes  tienen que plasmar en los hijos en los principios éticos, cívicos y religiosos que en conciencia crean que son los mejores para su formación humana. De esa educación familiar dependerá el futuro de las nuevas generaciones.

 

La familia es la primera sociedad natural y centro de la vida social. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado[1]. Es “patrimonio de la humanidad y es uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos.”[2] Nadie la inventó, surge de la propia naturaleza humana.

 

En la familia nacemos y crecemos, desarrollamos potencialidades, descubrimos nuestra dignidad de personas, aprendemos a amar y ser amados, y las primeras nociones de la verdad y el bien. Es allí donde tenemos las primeras experiencias de fe, donde por primera vez oímos hablar de Dios y de la Virgen. Allí se debe inculcar la práctica de la compasión, a vivir los valores morales. Es en el hogar donde se reciben el patrimonio espiritual de la fe y el patrimonio cultural de la Patria. En él se aprenden las responsabilidades comunitarias y la solidaridad.[3]

 

En la familia, comunidad natural, se experimenta la sociabilidad humana, contribuyendo así, en modo único e irreemplazable al bien de la sociedad.[4] Por eso afirmamos que “La familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de sus hijos”.[5] 

 

Parte de la educación que en el hogar reciben los niños y adolescentes son los ancianos y el trato que a ellos dispensemos. Los abuelos –bisabuelos, tíos abuelos, etc.- de la familia constituyen una importante escuela de vida, capaz de transmitir valores y tradiciones y de favorecer el crecimiento de los pequeños; ellos aprenden, mirando el ejemplo de las generaciones pasadas, a buscar no sólo el propio bien, sino también el de los demás. Si los ancianos se hallan en una situación de sufrimiento y dependencia, no sólo necesitan cuidados médicos y asistencia adecuada, sino, sobre todo, ser tratados con amor.[6]

 

La familia en Cuba ha afrontado muchas dificultades, a pesar de lo cual es la institución más preciada y unificadora de los cubanos. Cuidar la institución familiar es deber de cada uno si queremos construir el futuro de nosotros como personas, de nuestras familias como la institución más importante y de Cuba como nación.

 

 



[1] Artículo 16. 3. Declaración Universal de los Derechos Humanos Asamblea General de las Naciones Unidas (1948).

[2] Documento conclusivo Aparecida No. 302

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 2224

[4] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. No. 213

[5]Documento Conclusivo Aparecida, No. 114

[6] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. No. 222

More in this category: « Testimonio

Escribir un comentario