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Lunes, 16 de Octubre de 2017 11:55

Rosas rojas, rosas blancas

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Cada año en nuestro país el segundo domingo del mes de mayo está reservado para invitarnos a honrar de un modo especial a nuestras madres… Esa mujer excepcional que Dios nos concedió para engendrarnos y llevarnos dentro de sí; aquella que nos trajo a la vida y nos extendió su mano para ayudarnos a emprender nuestros primeros pasos, y así permanece junto a nosotros de un modo u otro para ser nuestro paradigma, nuestro apoyo y refugio.   

 

Esta tradición de dedicar un día para honrar a las Madres posiblemente remonte sus orígenes a la antigua Grecia donde se le rendían honores a la diosa Rea, madre de Deméter, Hades, Hera, Hestia, Poseidón y Zeus. Luego la religión grecoromana acoge esta costumbre dándole por nombre “Hilaria”; la celebración se realizaba en honor a Cibeles, madre de los dioses, iniciándose el día posterior al equinoccio de primavera para presentar sus ofrendas, extendiéndose la ceremonia durante tres días. La Iglesia Católica eligió el día 8 de diciembre para venerar a María, la madre de nuestro Señor Jesucristo, decretándola como solemnidad bajo el titulo de La Inmaculada Concepción.

 

La celebración del Día de las Madres en la modernidad se le atribuye a la norteamericana Anna Marie Jarvis (1864-1948) activista social nacida en Virginia. Su madre, Anna Marie Reeves Jarvis (1832-1905) fue una mujer comprometida en defender y promover en el estado de Virginia los derechos de salud y seguridad social de las mujeres trabajadoras. En el transcurso de la guerra civil se dedicó a crear grupos de féminas con el fin de atender a los heridos de ambas trincheras.

 

Anna Marie Reeves organizó en la década de 1860 varios eventos a los que denominó Mother's Friendship Day y Mother's Day Meetings; en estas reuniones las mujeres se congregaban para intercambiar opiniones en diversos temas sociales. Al finalizar la guerra de secesión Anna Marie se empeñó en promover la idea de dedicar un día para reconocer el esfuerzo de las madres trabajadoras, así, en 1873, se celebraron reuniones con este objetivo en 18 ciudades estadounidenses, perdurando esta conmemoración por algunos años en la ciudad de Boston pero se fue olvidando  esa costumbre en el transcurso de los años.

 

Anna Marie Reeves Jarvis fallece en Filadelfia el 9 de mayo de 1905. Dos años después su hija, Anna Marie Jarvis, quien era una gran activista comunitaria, quiso conmemorar la fecha de su deceso organizando en su honor un Día de la Madre en cual se realizó el 2 de mayo de 1907. Se ha dicho que como la flor predilecta de su madre eras los claveles, Anna Marie entregó ese día claveles rojos a quienes tenía su madre vida y claveles blancos a los hijos cuyas madres ya habían fallecido. A partir de este hecho Anna emprendió una campaña con el fin de propagar la iniciativa la cual se fue extendiendo por todos los Estados Unidos. En 1914 Anna Marie Jarvin logró que el presidente Woodrow Wilson recogiera la iniciativa y la promoviera hasta declarar oficialmente el segundo domingo de mayo como el Día de las Madres.

 

Esta idea fue siendo acogida por otras naciones hasta llegar a extenderse por el mundo, escogiéndose diferentes fechas para su celebración aunque en la mayoría de los países ha prevaleciendo la que fuera propuesta en los Estados Unidos.

 

Existen varios criterios acerca de cuándo se realizó esta celebración por primera vez en nuestro país; por mucho tiempo se ha afirmado que fue el domingo 10 de mayo de 1920 en el poblado habanero de Santiago de Las Vegas, atribuyéndose la iniciativa a un grupo de jóvenes dirigidos por Víctor Muñoz Riera (1873-1922) excelente periodista y cronista deportivo habanero; también algunos tuneros han afirmado que fue en Puerto Padre; pero recientemente ha surgido cierta polémica al existir evidencias de que el domingo 12 de mayo de 1918, en la Primera Iglesia Bautista de Santiago de Cuba sucedió este acontecimiento. El santiaguero Armando Arsenio Céspedes Calderín, profesor jubilado, guionista y colaborador de la radio alegó que tras haber investigado halló una nota del cronista Carlos Forment que lo atestigua. Se afirma que en el periódico santiaguero “Diario de Cuba”, el más importante de la ciudad en esa época, fue publicada una reseña periodística el lunes 13 de mayo de dicho año 1918 donde se da a conocer con detalles de lo acontecido.

 

La celebración del Día de la Madres fue originando algunas costumbres que llegaron a constituir hermosas tradiciones las cuales lamentablemente han ido quedando en el olvido: En Cuba ese día cada persona, sin distinción de edad ni sexo, colocaba en su pecho una pequeña flor, por lo general botones de rosas el cual, según su color, tenía un significado especial; aquellos que tenían a su madre viva la portaban de color rojo, y los que ya no contaban con su presencia la prendían de color blanco.

 

En nuestra ciudad a través de los años se han realizado diversas actividades con motivo del Día de las Madres; En las vísperas de la conmemoración se celebraba el Baile de las flores, donde las jóvenes eran agasajadas por sus amigos o prometidos regalándoles hermosos “corsages” de flores.  También se recuerda La Feria de las Flores, que contaba con una gran muestra expositiva de arreglos florales de los artistas de ese sector.

 

En Santa Clara podemos apreciar tres monumentos dedicados a homenajear a las Madres: el que se encuentra emplazado en los jardines del el antiguo Hospital de Maternidad e Infancia de nuestra ciudad, posteriormente Hospital psiquiátrico, hoy sede de las Artes Escénicas. El monumento está compuesto por una pilastra de granito donde se halla una escultura en mármol, obra de la escultora Loyda L. Ramírez; la misma representa a una mujer sentada acariciando a su hijo al cual abraza en su regazo. En el pedestal se encuentra una tarja en bronce donde versa una hermosa dedicatoria: Las madres son amor, no razón, son sensibilidad exquisita y dolor inconsolable.

 

El día 17 de septiembre de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 66/292 determinó proclamar el 1 de junio como Día Mundial de las Madres y los Padres, la que aún no ha alcanzado arraigo popular.

 

Hoy recordamos una sencilla pero hermosa composición musical: Madrecita. Esta obra responde a la autoría de Osvaldo Farrés, afamado compositor cubano nacido en Quemado de Güines en nuestra provincia.

 

Título: Madrecita

Género: Bolero canción

 

 

Madrecita del alma querida

en mi pecho yo llevo una flor,

no te importe el color que ella tenga

porque al fin tu eres, madre, una flor.

 

Tu cariño es mi bien madrecita

en mi vida tú has sido y serás

el refugio de todas mis penas

y la cuna de amor y verdad.

 

Aunque amores yo tenga en la vida

que me llenen de felicidad

como el tuyo jamás, madre mía,

 

como el tuyo no habré de encontrar.  

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