joomla templates

Lunes, 16 de Octubre de 2017 11:51

EL MINISTERIO PETRINO EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA III PARTE

Rate this item
(0 votos)

Desafíos al ministerio petrino durante la época moderna

Luego del Concilio de Trento (1545-1563), cuando la Iglesia logra restaurar y poner la casa en orden, surgirán múltiples desafíos a la Iglesia y a la autoridad del Papa.

En el desarrollo del pensamiento se alzará la filosofía moderna que tomará como modelo a la matemática, cuya certeza se convierte en el ideal de todo conocimiento humano. El acto mismo de pensar lo es todo: cogito ergo sum, según diría Descartes.  Se da un cambio trascendental de la mentalidad medieval, donde Dios era el centro de todo pensamiento, a la mentalidad moderna, donde el hombre toma ese lugar y se convertirá en el juez último de todo; sus ideas serán un ataque frontal a toda la concepción del mundo, a la autoridad y la tradición, y a los principios del cristianismo basado en la revelación y los dogmas.

 

Ejecución de religiosas durante la Revolución francesa

 

En el área de la política se impondrá el absolutismo donde el rey asumirá la autoridad absoluta en su estado y todo estará bajo su control, inclusive la Iglesia, a pesar de declararse católico, apostólico y romano. El viejo pensar de que la monarquía y el poder eran privilegios concedidos por Dios al trono y al altar pasarán a ser cosas del pasado. Nuevas teorías políticas introduce la idea de que el poder radica en el pueblo. John Locke criticará al absolutismo y proclamará la libertad de todos los seres humanos los cuales se regirán por una especie de contrato social.

 

Los ingleses son los primeros en levantarse en armas durante su famosa Revolución de 1640 influenciada por los nuevos intereses económicos. Capitalistas y burgueses reclaman un gobierno representativo y libertad económica. Se afianza el mercantilismo y la idea de que la riqueza económica fortifica a todos y al estado. Se impone el compromiso entre el viejo orden y el nuevo. El monarca inglés tendrá que acostumbrarse a gobernar con el parlamento que es elegido a través de elecciones.

 

Las ciencias también expondrán sus nuevas teorías y conocimientos; solo tenemos que pensar en Galileo y su modelo heliocéntrico, Copérnico y sus nuevas ideas astronómicas, y Newton con su ley de la gravitación universal. La Iglesia no los verá con buenos ojos pues dichas teorías van a cuestionar el modelo cosmogónico que se presenta en la Biblia. Éramos fundamentalistas entonces: no había error en la Biblia.  Faltaba tiempo todavía para entender que la inerrancia bíblica solo tiene que ver con las cuestiones de la fe y conducta.

 

Aun en el campo religioso, las diferencias entre católicos y protestantes no solo producirán la fragmentación de la cristiandad sino que llevarán a la incomprensión y a la lucha entre ambas partes.  En una época marcada por la intolerancia, el ser protestante en un país católico, o católico en un país protestante, la vida se hacía imposible. El pueblo tendría que seguir la religión escogida por el monarca.  Pero en territorio alemán, donde aún no existía un país unificado, las luchas entre principados llevarán a la Guerra de los Treinta Años y a la consecuente Paz de Westphalia en 1648. La Iglesia pierde toda su influencia política; es vista como una simple «sociedad religiosa»; es considerada «enemiga de la razón»; sus bienes son secularizados para «uso público»; y el derecho también se seculariza—ya el canónico solo valdrá dentro del ámbito de la religión.

 

Luego seguirá el racionalismo, cuyo principio básico es la razón, juez último de toda verdad. Postulaba que la mente sólo debe asentir a verdades verificables a través de la razón y, como resultado, se llegó a despreciar la teología y la metafísica. El juicio privado de la razón lleva al libre pensamiento en temas religiosos y, de ahí, se llega al deísmo y a reafirmar muchas de las ideas fundamentales de la masonería: se podía llegar al propio conocimiento de Dios sin necesidad de intermediarios, como lo era la Iglesia, a quien se critica abiertamente por oponerse al progreso y, debido a ello, pronostican su pronto final.

 

El fruto indiscutido del racionalismo y el deísmo fue la Ilustración, llamada francesa debido a que fue en Francia donde mejor floreció pero sus orígenes se encuentran en Inglaterra. Dicho movimiento, el más grande ataque a la fe cristiana en toda la historia, cambió el mundo y lo ha dominado hasta la actualidad; un fenómeno histórico pluridimensional que toca todos los aspectos de la vida: filosofía, política, economía, lo social, lo religioso, el arte, la música, la arquitectura. Fue un movimiento centro-europeo de ideas, caracterizado por la plena confianza en la capacidad de la razón humana para descubrir las leyes de lo desconocido y del misterio («fastidioso y oscurecedor») del espíritu humano a través de la luz de la razón, la cual llevaría, necesariamente, a la felicidad del hombre. 

 

La Ilustración atacará el principio de autoridad: había que liberar al hombre de la ignorancia, de la superstición y los prejuicios, y someterlo todo a la luz de la prueba racional y científica. Se oponía a la concepción del mundo fundada en la revelación divina y la tradición de la Iglesia. Las ideas de Montesquiue y Voltaire llevarán a un nuevo concepto de la vida, como más activa, sensible y material, a la bondad y autosuficiencia del hombre, su emancipación por tratarse de ser «ciudadano» y su total pertenencia al mundo el cual existe para su uso y disfrute, y cuya emancipación implica su liberación de la esfera teológica-mística-religiosa y, por lo tanto, de la Iglesia y del «viejo orden»: pura moral natural, sin dogmas fijos, individualismo y tolerancia (selectiva) hacia las ideas de los demás, entre otros preceptos.

 

De la Ilustración surgirán los ataques, tanto ocultos como abiertos, en contra de la Iglesia y cuya mayor víctima fue, sin duda alguna, la Compañía de Jesús, la cual fue suprimida por el mismo papa y vista como el primer paso que llevaría a la destrucción de la Iglesia. Con la Revolución Francesa, que fue implacable con la Iglesia debido a que buscaba la total descristianización de la sociedad, miles de católicos fueron torturados, guillotinados o exilados: obispos, sacerdotes, hermanas religiosas y laicos, martirizados por su creencia en Jesucristo. Se olvidaban de la tolerancia de la que tanto cacareaban. Dos papas fueron obligados al exilio en Francia, Pio VI, que nunca más regreso a Roma, y su sucesor, Pio VII. La Iglesia en Francia tuvo que reorganizarse en la clandestinidad y, de ella, surgirá una espiritualidad más pura y comprometida.

 

Alrededor del 1818-1820 surge el liberalismo que reforzara la libertad individual en todos sus aspectos: el religioso, de pensamiento, de imprenta, de reunión y asociación; ninguno puede ser castigado por ejercer cualquiera de los anteriores. Los liberales no serán necesariamente demócratas: insistirán en la soberanía nacional; el poder no viene del rey sino de la nación, idea presente en todas las constituciones de la época.  No obstante, dicha soberanía no era ejercida por todos, sino por solo una facción de la ciudadanía; los votantes eran aquellos que pagaban impuestos, o sea, los ricos y burgueses; por lo tanto, el voto es restringido, quedando excluidos las mujeres y los pobres, entre otros. El liberalismo es individualista, racionalista y se opone a todo dogmatismo y autoridad; propone la división de poderes, la descentralización, el control parlamentario, la no intervención del estado en materia económica o social, y libertad en todas las esferas de la vida. Sin embargo, consagra la desigualdad basada en el dinero y la educación. Sus principales exponentes: Tocqueville, Bentham, Mill, Stuart Mill.

Pio IX

El siglo XIX continuará con la Revolución Industrial, la cual produce infinidad de nuevas situaciones sociales adversas y que estimulan la elaboración de doctrinas que tienden a una reforma radical de la sociedad. Tanto el anarquismo como el socialismo verán al cristianismo, y particularmente el catolicismo, como incapaz de dar una respuesta adecuada a la cuestión social; y todavía peor, como el obstáculo principal para la emancipación obrera.  

 

Surgirán Marx y Engels con su crítica de que el cristianismo no es más que una supuesta etapa hacia un paraíso que no se encuentra en este mundo. El primero elaborará la esencia del socialismo científico: «La crítica de la religión es la condición primera de toda crítica». Antes que Nietzsche, comprende que «la muerte de Dios» era condición primera para la liberación y promoción humana. Otros pensadores, como Hegel y Comte, andarán por la misma línea, y otras filosofías también, como el fideísmo, el subjetivismo, el ontologismo, la seudociencia, entre otras.

 

 

Todo lo anterior influenciara enormemente en el Papa Pio IX que, al verse asediado por tantos frentes, intenta de dar respuesta a todas las filosofías anticristianas del tiempo y convocará el Concilio Vaticano I cuya meta central fue la proclamación de la primacía e infalibilidad pontificias. 

Escribir un comentario