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Lunes, 09 de Octubre de 2017 16:00

Carta de Mons. Arturo con motivo del paso del huracan Irma

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“Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos,

lo hicieron conmigo” (Mt 25, 40)

 

A todos los sacerdotes, consagrados, miembros de nuestras comunidades cristianas y a tantas personas de buena voluntad que viven en el territorio de la Diócesis de Santa Clara.

La fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre este año ha venido acompañada del paso del huracán Irma, con las características que hacían de éste el fenómeno atmosférico de su tipo más fuerte en los últimos tiempos.

A su paso, el huracán Irma se hizo sentir en distintas partes de Cuba pero principalmente en la costa norte de Camagüey, Ciego de Ávila y la Habana. Sobre esta Diócesis de Santa Clara descargó muy particularmente sus fuerzas, a lo largo de toda la costa y en el interior del territorio diocesano e incluso en lugares alejados de la costa. Este ha sido declarado el territorio más afectado.

Su paso ha marcado la existencia de muchas personas y familias, de jóvenes y ancianos, de sembrados, edificios e instituciones, con las consecuencias que esto trae para el presente y el futuro. Lo cierto es que en estos momentos hay mucha gente sufriendo porque les falta lo más esencial para la vida: les falta alimentos y agua potable, les falta confianza y esperanza, les falta techos y paredes donde protegerse… y no todos cuentan con manos amigas a las cuales acudir. Las imágenes difundidas por los medios de comunicación nacionales o aquellas que han alcanzado captar los lentes indiscretos, no creo que logren revelar todo el sufrimiento y angustia de tantísimas familias, sufrimiento y angustia que solo se puede tocar cuando los zapatos se hunden en los pueblos aún anegadas por las aguas y en las casas invadidas por el fango, en las zonas más bajas y afectadas.

Hoy cuando descubrimos esta dolorosa realidad tenemos que salir al encuentro de todos los damnificados. La humildad nos sacará de la trampa de la soberbia que nos hace creer que todo está resuelto y nos llevará a buscar soluciones efectivas para los más desfavorecidos. Nadie puede estar tranquilo, menos un cristiano, mientras tanta gente sufre y padece.

No en vano así lo pedimos en la plegaria: “Abre nuestros ojos para que conozcamos las necesidades de los hombres; inspíranos las palabras y obras para confortar a los que están cansados y agobiados; haz que los sirvamos con sinceridad, siguiendo el ejemplo y el mandato de Cristo” (Plegaria Eucarística para diversas circunstancias IV)

Hoy, queridos hermanos y amigos, me dirijo a Uds. y les pido que abran los ojos y no den las espaldas a tantas personas y familias enteras que sufren a lo largo de la Diócesis. Es verdad que hay más de veinte templo y casas pastorales que han sido grandemente afectados o derrumbados pero primero están las personas y las familias.

Las Cáritas, Diocesana y parroquiales, han estado socorriendo los distintos lugares afectados pero ellas necesitan nuestro apoyo y respaldo para continuar su servicio. Sus recursos son pocos y hacen el milagro de multiplicarlos. Organicemos jornadas de oración y adoración eucarística por todos los afectados y por cuantos gestionan y procuran paliar las necesidades de tanta gente pero también pongamos en función nuestro ingenio y talentos para que la creatividad no muera; demos parte de nuestro tiempo incorporándonos al voluntariado; compartamos nuestros bienes y recursos.

Cáritas es el rostro caritativo de la Iglesia pero la comunidad cristiana es su cuerpo; Cáritas sin el apoyo de los miembros de la comunidad cristiana y de cuantos quieran colaborar con ella, poco o nada puede hacer. 

Exhorto a todos: al clero, a la vida religiosa, a los laicos consagrados, a los miembros de las comunidades cristianas, a toda persona, a unirnos en favor de los damnificados por el huracán; una gran colecta de alimentos ya urgen. También de ropas, zapatos, útiles del hogar, vasos, platos, cubiertos, colchones, ropa de cama, dinero, etc. Agradecemos mucho y ciertamente nos es indispensable el apoyo que nos llega de familiares, amigos e Iglesias hermanas en el extranjero, pero todo no lo podemos esperar de ellos. Compartir desde nuestra pobreza es evangélico, nos hace ricos.

Esta colecta no solo es la oportunidad de socorrer a pobres y necesitados, es la encrucijada para crecer en humanidad, comunión y corresponsabilidad; es la oportunidad para unir al hombre cubano contemporáneo por encima de credos y modos de ver la vida. Dios quiera que lo entendamos; El premie y recompense la colaboración y generosidad de todos.

Les ruego que esta Colecta se extienda hasta fin de año; hoy muchos se acuerdan de los damnificados, dentro de unas semanas no los podemos dejar solos, en el olvido. Lo colectado se podrá entregar en la oficina de Caritas Diocesana, calle Unión No. 13 entre Buenviaje y Céspedes Santa Clara. Teléfono 42 – 28 31 65.

Queridos hermanos y amigos, el paso del huracán Irma en la misma fiesta de la Virgen de la Caridad ha sido para unos un signo de que la Virgen no dejará de acompañar y compartir la suerte del pueblo cubano, para otros es el deseo de la Virgen Madre de llamar la atención sobre la pobreza de muchos de sus hijos… Sea lo uno, lo otro o ambas cosas, lo cierto es que no podemos cerrar nuestros ojos frente a esta realidad de dolor y estrechez de tantos hermanos para quedar atrapados en la rutina cotidiana de cada día o en el lamento estéril. Confío en la generosidad de todos.

Con gratitud anticipada a todos y unidos en la plegaria por los más pobres, les bendice,

  + Arturo, Obispo de Santa Clara

  Santa Clara, 18 de septiembre de 2017

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